Ya está. Ya termina. Otro de los tantos veranos que verdaderamente, de especiales tuvieron poco. No puedo rescatar muchas cosas sinceramente, es que la verdad que me acuerdo de muy pocos días, entonces siento que recién tendríamos que estar en mediados de enero. Para este verano tenía millones de cosas planeadas, de las cuales solo habré cumplido... tres?. Sí, es deplorable. Me hice una lista con 37 películas más o menos, de las cuales vi cuatro (dudo que en 7 días pueda ver 33 películas).
Odio pensar que en una semana ya tengo que volver al Pellegrini, eso significa que de nuevo tengo que levantarme todos los días a las 8 de la mañana, no tengo tiempo para hacer danza en el lugar que yo amo en el cual hice desde los 4 años hasta los 12 (desde ahí hasta el 2010 pase por 3 lugares diferentes los cuales ninguno me gustó), no puedo hacer fotografía (este año mis papás me prometieron que sí), no puedo tener vida social, no puedo pensar en cosas que A MÍ me interesen.
Ya viví un año en el Pelle, que francamente no fue el mejor año de mi vida en ningún sentido... solo lo puede salvar el hecho de que conocí a mucha más gente de la que ya conocía. Pero todo cambió muchísimo, y no quiero otro año como el anterior, porque no soporto el stress que me genera todo lo que tiene que ver con ese colegio. No quiero otro año de matarme para estudiar, no quiero otro año de tener que abandonar todo lo que me formaba como persona, solo para no arruinarme un verano, porque no me siento yo, me siento como otra persona que no puede disfrutar de nada.
Lo que más rescato de este verano fue que volví a mi pasado, a lo que me forma. Volví a ver a mis mejores amigos, los cuales son casi los únicos que puedo llamarlos mejores amigos. A ellos les debo mi felicidad, sin exagerar ni un mili gramo.
Cuatro años más así? Me duele la cabeza de tan solo imaginarlo.
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