La cosa es que desde entonces no paro de militar, de pasar por divisiones a hablar, de hablar con pibes sobre mi lista, de pintar carteles (y cuántos), de pelarme con mil y un personas mínimamente por día. Ah, sí! Casi me olvido la parte de que prácticamente no duermo y no tengo lo que cualquiera llamaría vida social, porque sí, es verdad, no estoy nada en mi casa y es raro que tenga charlas con la gente que no sean sobre política. Lo lindo de este caso es que puedo decir que gracias a todas estas cosas lamentables, estoy pasando por la mejor etapa que un adolescente puede tener; jodo con los pibes del frente, nos divertimos mientras hacemos cualquiera de las cosas que dije antes, pelotudeamos, charlamos sobre nuestras vidas y la pasamos bárbaro.
Sin duda alguna, la militancia es la mejor cosa que le puede pasar a un pibe
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